YO, ME, MÍ, CONTIGO 2015

Del 27 de noviembre de 2015 al 21 de febrero de 2016

Claude Cahun. Autorretrato, 1928. Jersey Heritage Collections

Yo, me, mí, contigo reúne obras de once artistas nacionales e internacionales cuyo trabajo se centra en las prácticas artísticas autobiográficas, haciendo de y con ellos mismos su propia creación, para lo que abordan desde diferentes campos y distintas aproximaciones el concepto contemporáneo del yo. Estos artistas (se) miran desde cuestiones de género, raza, cuerpo, identidad, memoria, familia, pérdida, olvido, enfermedad o paso del tiempo en una interminable búsqueda de su propia identidad, haciendo partícipe al espectador de ese proceso, siempre en construcción.

Cualquiera de los trabajos autobiográficos incluidos en esta exposición contiene elementos inventados, y cualquiera de las ficciones que se muestran es, hasta cierto punto, autobiográfica, lo que nos confunde como espectadores sobre qué es realidad y qué es ficción, desorientándonos sobre lo real de nuestras fantasías y lo ficticio de nuestras vivencias. La exposición incluye fotografías, vídeos e instalaciones de los artistas Elina Brotherus, Esther Ferrer, Sophie Calle, Claude Cahun, John Coplans, Guy Ben-Ner, Óscar Muñoz, Ana Mendieta, Miguel Ángel Rebollo, José Oltra y Faustino Villa; y ha sido comisariada por Pedro Vicente.

Una parte de los artistas de Yo, me, mí, contigo entienden su trabajo como una prolongación de su propia vida y representan sus experiencias y sus vivencias cotidianas, transformando su obra en una especie de álbum público de sus vidas privadas. Otros, sin embargo, parten de la imaginación, de la construcción de sus autorrepresentaciones, y en el proceso inventan narraciones que las hacen funcionar como una especie de relatos de ficción. Estas dos posiciones tan dispares y antagónicas en sus discursos artísticos, la realidad y la ficción, acaban siendo una misma cosa, mezclándose, uniéndose y confundiéndose, y generando finalmente una nueva categoría estética propia de esta época.

Se trata de obras que podrían ser englobadas dentro de la autoficción, término acuñado por el escritor Serge Doubrovsky después de leer Le pacte autobiographique de Philippe Lejeune, en contraposición al llamado género autobiográfico. Doubrovsky define así la autoficción en las versiones preliminares de su obra Fils: «¿Autobiografia? No. Ficción de acontecimientos y de hechos estrictamente reales. Si se quiere, autoficción, por haber confiado el lenguaje de una aventura a la aventura del lenguaje». Los trabajos autobiográficos/ficcionados de los artistas incluidos en esta exposición se evidencian de alguna manera como una forma de desdoblamiento de los propias artistas, que se sitúan fuera de ellos mismos, contemplándose, haciéndonos contemplarlos, para que nos demos cuenta de que en realidad (nos) contemplamos a (nos)otros mismos.

Las fotografías de Faustino Villa son autorretratos performáticos, posados y preparados. La optimista mirada de Villa hacia la vida y su especial humor, potenciado por su pasión por el género cómico, llegan a generar ciertas composiciones muy cercanas al surrealismo de principios de siglo xx. A través de su trabajo Villa no solo investiga, y cuestiona, su imagen y su identidad mediante la teatralidad y la pose: además se ríe y se mofa de la rigidez de la representación, y en especial de lo en serio que nos solemos tomar nuestra propia imagen.

El trabajo de José Oltra incluido en esta muestra se centra en una de sus facetas menos conocidas: sus múltiples y numerosos autorretratos. A lo largo de toda su carrera Oltra se fotografió a sí mismo en muchas ocasiones, generalmente practicando sus aficiones favoritas en su tiempo de ocio y con su familia. El conjunto de estas imágenes es abundante, casi excesivo, lo que pone de manifiesto el interés de Oltra no solo por la representación de su imagen, sino también por el propio proceso repetitivo y metódico de los autorretratos.

En 1999 Elina Brotherus disfrutó de una residencia en el Musée Nicéphore Niépce, durante su estancia allí creó su serie de fotografías Suites françaises, compuesta por imágenes en las que se muestra a sí misma aprendiendo francés con la ayuda de notas en pósits. En 2011 Brotherus fue invitada nuevamente a Chalon-sur-Saône, Brotherus se alojó en el mismo hostal que en 1999 y transitó por los mismos sitios donde estuvo entonces con el fin de establecer un recorrido interior y reflexionar sobre lo bueno y lo malo que había sucedido durante ese periodo, para acabar fotografiando muchos de los lugares que había explorado visualmente doce años antes.

Sophie Calle relata historias de los otros, de gente que raramente ella conoce, a la que observa, sigue o investiga. Fisgonea en sus vidas, los acecha por la calle, remueve sus cosas, rastrea en sus agendas, aparece en sus citas, cotillea con sus amigos. Pregunta, inquiere y delata aquellos aspectos que se circunscriben a lo que habitualmente se entiende como vida privada. Fabricar historias y subvertir fronteras entre lo privado y lo público, entre lo que es arte y lo que no lo es, constituyen algunos de los ejes más recurrentes en torno a los que se vertebra gran parte de la obra de esta artista.

Tanto la vida privada como toda la obra de Claude Cahun están marcadas por la ambigüedad en materias de sexualidad, género e identidad. Trabajó fundamentalmente con autorretratos en los que exploraba estéticamente sus múltiples personalidades, siempre en constante movimiento. Cahun se muestra de numerosísimas formas: femenina y coqueta, masculina y con la cabeza rapada, femenina y sexualizada, como estereotipo de hombre homosexual o andrógina.

Ana Mendieta transita durante toda su trayectoria en el límite entre ambos territorios culturales, el norteamericano y el latino. En este sentido, su obra comparte posturas con otras prácticas artísticas feministas de su tiempo; en el caso de Mendieta, su doble alteridad (mujer y latina), en el contexto de una sociedad patriarcal y anglosajona, la inscribe dentro de una dimensión conceptual más compleja, la del feminismo poscolonial.

Las fotografías de John Coplans muestran un cuerpo desnudo y fragmentado que pertenece a un hombre de edad madura, con lo que se alejan de la representación clásica de la desnudez como exaltación de un canon de belleza ideal. Las imágenes, vistas por separado, ofrecen trozos de un cuerpo que aparecen descontextualizados, como si no perteneciesen a un ser completo. Evidencian la parte más abyecta de nuestra materialidad, el ser carne y solo carne, organismo vivo abocado a la finitud.

En la obra de Óscar Muñoz una mano intenta definir los rasgos de identidad de un retrato, pero el medio utilizado (el agua) y el soporte (una losa de cemento iluminada por el sol directo) conspiran para que esta simple tarea no pueda completarse. Cuando el pincel ha logrado dibujar una parte del fugaz autorretrato, el resto ya se ha evaporado, pero la mano sigue incólume en su incesante proceso, motivada al parecer por una terca tenacidad.

A partir de 1981, Esther Ferrer, sin una periodicidad fija, se hace una foto, un retrato que secciona por la mitad, y monta las dos mitades resultantes con todas las mitades correspondientes a la foto o retrato anterior. Si bien se trata de imágenes estáticas, neutrales y hasta cierto punto asépticas, la acción propia de autorretratarse nos lleva a la acción, al hecho performativo de preparar un escenario neutro en el que situarse y enfrentarse al objetivo.

En Stealing Beauty Guy Ben-Ner graba a su mujer, a sus dos hijos y a sí mismo en salas de exposición de diferentes tiendas IKEA de Nueva York, Berlín y Tel Aviv. Tomando literalmente la sugerencia de la empresa de «sentirse como en casa», Ben-Ner y su familia ocupan los espacios domésticos como si fueran propios. La sala de exposición de un dormitorio se convierte en un lugar íntimo y privado mientras Ben-Ner y su esposa están solos en la cama, pero se transforma inmediatamente en un espacio público cuando los consumidores con bolsas de compra amarillas entran en el encuadre.

Durante una residencia del Ministerio de Educación francés en la Casa Velázquez de Madrid, Miguel Ángel Rebollo contrató a un actor para que suplantara su identidad en la institución que le había becado. El actor realizaba un informe diario de las incidencias que surgían en su nombre y un registro documental de su vida prestada como evidencia de la existencia de Rebollo como artista en la Casa.

El autorretrato ha sido un elemento básico en la práctica artística desde hace siglos, hasta tal punto que hoy en día su versión más contemporánea y tecnológica, el selfie, ha sustituido al propio álbum de familia y es uno de los elementos de comunicación más utilizados diariamente por personas de cualquier lugar y condición. La fotografía, seguramente, no es un motivo para vivir, pero lo que es innegable es que no se puede vivir sin hacerse fotografías. Yo, me, mí, contigo cuenta con una parte interactiva en la que el público podrá mandar y compartir sus selfies, que serán incluidos en la propia exposición, cuestionando si el selfie no es más que una versión tecnológica del autorretrato o si, por el contrario, se ha convertido por sí mismo en un nuevo estilo y un nuevo género de (auto)representación (#yoymiselfie).

Dentro de la sala de exposiciones existe un espacio dedicado a la documentación bibliográfica y videográfica sobre el uso y la importancia de las prácticas autobiográficas en el arte y el pensamiento contemporáneos. Este espacio dispone de una extensión online.

Con motivo de la exposición se ha diseñado un completo programa educativo que incluye visitas y talleres programadas para diversos públicos y se ha editado un catálogo que incluye, además de reproducciones de los trabajos expuestos, textos de Pedro Vicente, Nerea Ubieto, Gemma San Cornelio y Elena Zapata.

 

> Folleto exposición Yo, me, mí, contigo

> Extensión online de la exposición