La noche del pasado lunes, la iglesia de Canfranc Estación acogió el undécimo gran concierto de la trigésimo quinta edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca. Esta vez fue el turno de Diana Baroni, música argentina, pero también cubana y mexicana. La flautista y cantante presentó su proyecto ‘Diana Baroni: Mujeres’, una obra que en palabras de la crítica resulta “híbrida e inclasificable”, combinando con suma destreza músicas antiguas, expresiones populares de tradición oral, corpus poéticos y partituras contemporáneas. Baroni no vino sola, pues llegó acompañada de sus fieles Ronald Martín Alonso a la viola da gamba, y Rafael Guel Frías en el variado de flautas, percusiones y guitarra barroca.
Formada en la interpretación historicista e inquieta por naturaleza, Diana Baroni se define a sí misma como una creadora en búsqueda constante de puentes. Su trayectoria no entiende de fronteras entre la tradición y la vanguardia. Venía con un mensaje más que claro para esta edición del FICS: “El punto fuerte es indudablemente la temática, el hecho de que todo nuestro repertorio pone en valor la creatividad femenina, sea a través de las creaciones o composiciones, sea a través del homenaje”, explicaba Baroni.
El programa, que ya tuvo sus primeras luces en el SoNna Huesca de hace tres años, cautivó a un público que respondió con una conexión, comunicación y entrega absolutas. Baroni enfatiza que lo que realmente moviliza al espectador no es sólo la técnica vocal o instrumental, sino la carga emocional y sentimental que traslucen las obras seleccionadas para su programa: “Es esa fuerza creativa de la mujer latinoamericana la que nos moviliza y conmueve a la gente que nos escucha; transmitir esas cualidades, a través de la poesía, de los textos, de las experiencias vividas”, señalaba la artista.
Para ella, el repertorio es “una suerte de territorio desconocido para el público europeo” que, paradójicamente, es recibido con los brazos abiertos por su sinceridad y autenticidad, aunque en esta ocasión Baroni agradeció que la cita fuera con un atento y sensible público conectado con la palabra en castellano. ¿Y como definir el estilo en estos directos? “Nuestra energía, nuestra alegría al interpretar esta música que tanto amamos, el hecho de compartir nuestras emociones y priorizar la comunicación con el público”. Y es que la intérprete simplemente busca “abrazar el momento de la escucha, en el tiempo presente, y en la energía de la representación en vivo, con su acústica tan particular sin duda de la iglesia que nos alberga”.
Memoria de comunidades y pueblos
La edición de este año del FICS está poniendo especial atención en el patrimonio musical de la Corona de Aragón, un eje temático que Baroni valora muy positivamente. Es de las que cree que la preservación de estas identidades regionales no es un mero acto nostálgico, sino un hito necesario para entender la estructura social de los pueblos: “Los patrimonios locales, regionales son esenciales para preservar la memoria de las comunidades y los pueblos; es una excelente propuesta y coincide plenamente con mis convicciones personales artísticas”, asevera. Al hablar del presente año, acentúa su tono luchador, reflexivo y preocupado: “Lamentablemente, de un año a otro sentimos más y más la crisis que afecta a la cultura y a los espacios de difusión en general. No hay mejora, al contrario... Intentamos con muchísimo trabajo y esfuerzo mantener nuestras actividades artísticas y seguir desarrollando proyectos”.
No obstante, la creatividad de Diana Baroni no rebla ni conoce pausa. A la continuidad del proyecto ‘Mujeres’ se suma el reciente lanzamiento de ‘Madre Selva’, una oda que, con gran aplauso también, avanzó en Canfranc Estación, y que cuenta con la participación de artistas de culturas tan diversas como el kora nigeriano de Tunde Jegede o el zarb iraní de Keyvan Chemirani. Más allá de lo global, es sin duda toda una gran apuesta por evocar la universalidad de la música. Paralelamente, su faceta más experimental sigue desarrollándose a través de Apapacho, donde explora la música electrónica y composiciones propias, un proyecto que ya cuenta con ediciones en vinilo y futuros lanzamientos de remezclas.
Para finalizar, al abordar el estado actual de las músicas antigua y barroca, Baroni lanza una seria advertencia que resuena con fuerza para los tiempos que corren: “Creo que es un momento delicado, por la crisis general económica, que afecta gravemente la cultura”. Y lejos de sucumbir al pesimismo, encuentra en el arte una vía de resistencia: “Nuestro rol como artistas es no bajar los brazos, seguir construyendo espacios de resistencia y educación para concientizar y abrir espacios de reflexión, de emotividad, de conexión con uno mismo, a través del arte y de la música”.
La invitación del poderoso proyecto artístico, humano y social de Diana Baroni no sólo nos recordó el valor de la creatividad femenina en América Latina, sino que nos comprometió, por un breve espacio de tiempo, a reconectar con nuestra propia capacidad de sentir y de escucharnos, con memoria y paz, gracias a sus bellas canciones en el rescate de mujeres y vida, por un mundo más justo y en armonía plena.