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Los niños de Ecuador mejoran su aprendizaje en Casa Santa Teresita
Grupo de escolares con sus trabajos Grupo de escolares con sus trabajos 01-11-2019 Acción Social

La Casa Santa Teresita se conoce entre los más pequeños y jóvenes de Ecuador como un lugar seguro donde quedarse. Ubicada en la localidad de El Dorado de Cascales, es el espacio pedagógico, lúdico y social desde el que se atiende a una de las comunidades indígenas más castigada desde el boom del caucho en el Amazonas hasta el redescubrimiento del petróleo a principios de los años setenta. A partir de la colaboración entre Acción Solidaria Aragonesa y la fundación local Casa de los Niños, surge este primer proyecto que desde su creación en 2017 recibe la ayuda anual de la DPH a proyectos de Cooperación al Desarrollo.

Creada desde la idea inicial de mejorar el rendimiento escolar de los jóvenes quichuas y mestizos, “sus servicios se han ido ampliando en función de las necesidades de los niños”, tal como detalla Pedro Luis Rodríguez, fundador y responsable de la casa del proyecto junto a Gladys Chuquirima. Ahora se dispone de un pequeño servicio de comedor y talleres de capacitación en labores, oficios y otros aspectos. Y es que mientras unos llegan porque necesitan un plato de comida, “otros lo hacen porque encuentran una mesa y ayuda para hacer los deberes o por no estar solos en casa y sentirse más arropados”, aclaran los responsables del centro.

A día de hoy atiende a 65 jóvenes, de entre 6 y 18 años, de etnia quichua y mestizos  en situaciones más vulnerables y que viven en esta zona rural a unas tres horas de su centro escolar de referencia. Debido a la ocupación de sus progenitores, la mayoría se quedan al cargo de hermanos de edad no muy superior o directamente depende de ellos la responsabilidad de ir al colegio.

Esta situación dificulta un apropiado rendimiento escolar y, a su vez, se ve agravada por otros problemas instalados en estas comunidades como son la entrada en el mundo laboral a edades tempranas, los embarazos no deseados y ciertas situaciones de drogadicción, “todo esto propicia también la pérdida de identidad cultural”. Es lo que apunta Rodríguez, quien lleva más de 20 años trabajando sobre el terreno y habla de la Casa Santa Teresita, desde donde también se lucha por la preservación de las costumbres y la lengua quichua, como la forma de “devolver la dignidad y posición social a la comuna indígena de Sumak Warmi”. 

De una a siete casas
Dado sus buenos resultados en Cascales, el proyecto ha sido replicado en seis localidades más de la provincia de Sucumbíos, desde las que poder llevar a cabo planes y actividades en red. En total, estas siete casas de la región atienden a una población de 12.000 alumnos y, tal como precisa el fundador de la pionera, “en tan solo dos cursos escolares 1.250 han superado el nivel de acceso a la universidades, lo que es un resultado muy alentador”. 

Pieza clave del sistema de apoyo escolar, desde esta red de casas tratan de detectar las discapacidades cognitivas de los alumnos que precisarán de un refuerzo personalizado y se ha puesto en marcha un convenio de prácticas por el que 15 estudiantes de preuniversitarios. Así, con la vista está puesta en aunar esfuerzos y ofrecer una ruta de fortalecimiento para todas las comunidades indígenas en el medio amazónico se ha creado en esta provincia de Ecuador la denominada Red cantonal de Protección de Derechos, que trabaja para paliar y buscar soluciones a los casos de vulnerabilidad social por discriminación étnica o cultural.

Además, existe una red de asesorías comunitarias como otro de los sistemas de protección  para identificar casos de violencia en las familias mediante las visitas que reciben de una promotora. Una iniciativa a través de la que han sido identificados hasta 60 casos de menores y 40 de madres desde su implantación que ya están siendo tratadas.  

Mujer como motor de cambio en las comunidades indígenas
Otro de los servicios que se ha podido brindar a esta comunidad es atención psicológica para velar por la protección del menor. Las medidas gubernamentales a este respecto son muy escasas, pero gracias a la colaboración de una psicóloga voluntaria, el centro ha atendido ya a 15 familias pertenecientes a la comuna indígena de Sumak Warmi con graves problemas familiares de alcoholismo y violencia de género. 
 
En la misma dirección reman los talleres dirigidos a empoderar a la mujer como precursora de nuevas dinámicas sociales y como motor de cambio económico ligado al sector de la agricultura, la ganadería o en la venta de productos artesanos. “Ya se están avistando cambios que está siendo impulsados por las mujeres, son sin lugar a dudas las protagonistas y principales animadoras de toda la red de casas y quienes se encargan de llevar adelante la familia, la educación de los hijos y la economía familiar”, precisan desde Acción Solidaria Aragonesa.