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Combinaciones tímbricas y virtuosismo de la música templaria
Imagen: El ensemble Eloqventia en Monzón El ensemble Eloqventia en Monzón 01-08-2026

La Catedral de Santa María del Romeral de Monzón acogió la noche del pasado viernes el primer gran concierto de la trigésimo quinta edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca. Desde el primer instante, el templo se transformó en un puente directo al pasado, un espacio donde las piedras se volvieron cómplices de una lúcida propuesta musical, que transportó al espectador a una época tan cargada de misticismo y leyenda como la de la Orden del Temple.

El protagonismo de la velada fue a cargo del ensemble Eloqventia, liderado por el flautista de pico Alejandro Villar, un músico de contrastada trayectoria y colaborador habitual de formaciones de referencia en nuestro panorama historicista. Villar, cuya labor al frente de su propio grupo busca desenterrar tesoros sonoros de la Edad Media, se presentó ante el público oscense con una propuesta más que ambiciosa: un programa diseñado expresamente para el FICS que, tras su paso por el Camino, promete llevar la esencia de la música templaria a otros escenarios.

“El programa está dedicado a los Templarios, lo cual nos da la posibilidad de abordar un amplio repertorio medieval, con músicas provenientes de la cultura cristiana y también de la tradición oriental”, explicaba Villar, subrayando la riqueza de una selección que, lejos de ser monótona, alternaba piezas instrumentales con canciones de trovadores, dotando a la velada de un ‘dinamismo’ que atrapó a la respetable desde la primera de las notas.

La elección de este repertorio, según detalla el músico, no es casual. El programa incluyó hitos de la música medieval, como canciones dedicadas a las cruzadas en Tierra Santa o una versión del ‘Non nobis, Domine’, considerado históricamente el himno de la Orden del Temple. Pero el viaje no se detuvo ahí. “Interpretamos también dos conocidas piezas del Llibre Vermell de Montserrat. En el apartado instrumental, una selección de estampidas instrumentales provenientes de las dos colecciones más importantes de la Edad Media: el ‘Chanssonier du Roi de Paris’ y el ‘Códice toscano 29987’ que alberga la biblioteca del Museo Británico en Londres, además de una moaxaja andalusí”, detalló Villar, evidenciando el rigor documental del que siempre ha hecho gala Eloqventia.

En un género donde gran parte de la autoría se pierde en el anonimato de los siglos, el valor reside en los códices que preservan estas obras. Sin embargo, el ensemble no renunció a los nombres propios. El interesado público de Monzón pudo reconocer las firmas de trovadores ilustres como Marcabrú o Walther von der Vogelweide, e incluso del mismísimo Ricardo Corazón de León, figuras que, a través de la interpretación de Eloqventia, cobraron una nueva vida.

Uno de los aspectos más celebrados por los asistentes —y que es marca de la casa— fue la cuidada puesta en escena. Villar es consciente de que el espectador del siglo XXI busca disfrutar de una experiencia completa: “Utilizamos más de veinte instrumentos de viento, cuerda y percusión, todos ellos réplicas de los que existían en la Edad Media y el Renacimiento”, comentaba el director sobre este despliegue técnico. “Tanto el público, como la crítica especializada, suelen hacer hincapié en la originalidad de las combinaciones tímbricas, el enfoque virtuosístico del repertorio enriquecido gracias a la ornamentación e improvisación y, por supuesto, la maravillosa voz de nuestro cantante solista, el contratenor Gabriel Díaz”.

La conexión con el público montisonense fue total. Lejos de la solemnidad rígida que a veces rodea a la música antigua, Villar lanzó un consejo sencillo: “Simplemente relajarse y dejarse llevar por un repertorio que puede resultar desconocido para gran parte del público, y cuyas melodías nos trasladarán directamente a la época de los Templarios”. Y así sucedió, con gran agradecimiento y júbilo por este concierto tan especial, diseñado a la medida.

Recuperación del patrimonio

La presencia de esta propuesta en el FICS pone el foco en el patrimonio musical de la Corona de Aragón. Para Alejandro Villar, la apuesta es básica: “Me parece un acierto, pues es fundamental y necesario poner en valor la importancia de la recuperación del patrimonio musical en España. Una tarea que involucra a investigadores, intérpretes y, obviamente, a los programadores que son los que, en última instancia, deben apostar por propuestas que ayuden a descubrir ese repertorio autóctono ligado a cada territorio”, afirma rotundo. Este concierto en Monzón marca, además, un punto de inflexión en la trayectoria reciente de Eloqventia. Tras un periodo de relativo silencio, el 2026 está siendo para la formación un año de reencuentro con los escenarios. “Eloqventia ha retomado con mucha ilusión su actividad, gracias a la fantástica acogida que están teniendo nuestras últimas propuestas”, señala Villar.

La crónica de la velada se cierra con una reflexión del músico sobre el estado de salud de la música antigua en nuestro país, un ámbito que él califica de “época dorada” en cuanto a calidad interpretativa. No obstante, lanza un aviso: “El problema sigue siendo la escasa apuesta que hacen algunos programadores y ciclos de conciertos por los músicos de aquí, en comparación con los presupuestos destinados a grandes intérpretes internacionales”. Además, Villar hace un llamamiento a la equidad histórica en los programas: “Aunque la música barroca ya está plenamente integrada en las programaciones, considero que falta todavía otorgar al repertorio renacentista y, especialmente, al medieval, su merecido reconocimiento”.

El paso de Eloqventia por el FICS no solo dejó un directo memorable en la memoria de los vecinos y vecinas de Monzón, sino que también reafirmó la importancia de seguir abriendo puertas a esos siglos olvidados, recordándonos que, a través de la música, el pasado ayuda a identificarnos a nosotros mismos cara nuestro lugar en el mundo para el tiempo presente.