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Rearmonizar las músicas y recrear con estilo los tratados históricos
Imagen: Taracea en Santa Cruz de la Serós Taracea en Santa Cruz de la Serós 08-08-2026

La noche del pasado viernes, la iglesia de Santa María de Santa Cruz de la Serós acogió el octavo gran concierto de la trigésimo quinta edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca. El maravilloso enclave cargado de Historia y espiritualidad en el corazón del Pirineo, se convirtió en el contenedor perfecto para acoger la vitalidad actual de la música antigua: fue el turno de Taracea y su diálogo con las raíces, las otras músicas y su improvisación, aplicando las reglas de estilo, los patrones armónicos y sus tratados históricos.

Música antigua con una mirada permanente hacia el jazz y su dramaturgia, Belén Nieto, flautista, refleja la filosofía del grupo. “Criada en la sierra de Madrid, crecida en Ámsterdam y Utrecht, mi formación fue desde el inicio en flautas históricas y música antigua en general, pero siempre con gran interés en otras músicas del mundo, el jazz y la improvisación, incluso en el teatro”, explicaba, destacando que "el juego en escena y la interacción” son la base de todo acto interpretativo.

El programa presentado en Santa Cruz de la Serós supuso un estreno absoluto, una apuesta de Taracea por rescatar un repertorio de raíces aún más profundas de las que acostumbra: piezas del Llibre Vermell de Montserrat y las Cantigas de Alfonso X convivían con joyas menos transitadas de las tradiciones populares portuguesa, griega y asturiana. “Lo que se preserva de estas músicas en general son puras melodías, así que de manera natural tenemos espacio para las rearmonizaciones propuestas por Rainer Seiferth —también a las cuerdas— que con mucho gusto se funden con las melodías originales sin que pierdan su esencia y dando mucho juego”, señalaba Nieto sobre la innovación creativa de su compañero, director y arquitecto de estas versiones.

El concierto fue un despliegue de jubilosas texturas sonoras. La propia Belén Nieto utilizó una nueva flauta doble, fabricada a partir de iconografía del siglo XIV, ampliando así la paleta sonora del grupo. Acompañada por Isabel Martín y David Mayoral en las voces y la percusión, y con el buen hacer de Miguel Rodrigáñez en la improvisación con el contrabajo, “la combinación de todo esto, que en realidad tiene mucho en común, quizás pueda ser considerado uno de nuestros puntos fuertes”, apuntaba Nieto sobre esta amalgama.

Y es que Taracea apuesta por la transparencia: “De alguna manera completamos el proceso creativo al mostrarlo tal como lo vivimos, y me gusta pensar que hacemos partícipes del mismo al público”, confesaba Nieto. Más allá de ejecutar partituras, el reto estriba en interiorizar todo lo recogido hasta que se convierte en una extensión de quienes lo tocan, como diría para nuestros tiempos Marshall McLuhan. “Aunque parezca algo cliché, el primer adjetivo que me viene a la mente al pensar en nuestro estilo sería 'personal', pero en este caso con toda su profundidad”, añadía Belén, explicando que su enfoque de ‘recreación’ permite que de los intérpretes salga una honda emoción, más allá de la estricta reproducción de todas las piezas editadas.

Rescatar el patrimonio

El directo también sirvió para reflexionar sobre el patrimonio musical de la Corona de Aragón, eje de esta edición del festival. Para Belén Nieto, “rescatar, cuidar y compartir el patrimonio del pasado de cada tierra es algo importantísimo, y compartirlo con el público, para contribuir a una cultura general más rica y sabia”, afirmó. Para la flautista, la clave está en el diálogo que provoca: “Reconociendo la cultura musical de esta manera se potencia el diálogo entre especialistas en Historia, Musicología e intérpretes; y de nuevo se da oportunidad también a no especialistas y público en general para que lo conozcan y disfruten. Lo aplaudo”.

Durante la cita, Nieto puso de relieve cómo, al desvincular la música de una autoría individual concreta, ésta adquiere una dimensión colectiva: “Es interesante desvincular así la música de una persona en concreto y otorgarle el protagonismo al pueblo, a quien le pertenece y que participa, en este caso directamente incluso cantando y bailando”, comentaba sobre el global del repertorio interpretado y aplaudido en Santa Cruz de la Serós. Su filosofía fue palpable en la iglesia de Santa María, donde sus melodías invitaban a un movimiento interno, a un baile sagrado alrededor del Llibre Vermell con sensibilidad contemporánea. Como quiso dejar claro Taracea, a partir de aquí, “dejen volar su imaginación, fantaseen y permitan el disfrute de lo que también les pertenece. Bailen, aunque sea hacia adentro”.

Para finalizar, al abordar el momento actual de la música antigua en España, la perspectiva de Taracea es optimista pero pragmática. Nieto observa con satisfacción cómo, a diferencia de hace dos décadas, hoy existe una generación de intérpretes extraordinariamente preparada, con muchos de ellos habiéndose formado en el extranjero —como fue su propio caso en los Países Bajos—. Sin embargo, el reto persiste: “Seguir profundizando en la investigación histórica sin perder la capacidad de comunicar y emocionar”. Para el grupo, el camino a seguir es claro: continuar moviendo sus proyectos con ilusión, siempre con la puerta abierta a nuevas grabaciones y, sobre todo, a nuevos retos creativos que les permitan seguir reinterpretando lo antiguo.