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Rica y poderosa expresión artística con la armonía de un jardín persa
Imagen: Canticum Novum en la Ciudadela de Jaca Canticum Novum en la Ciudadela de Jaca 13-08-2026

La noche del pasado martes, la Ciudadela de Jaca acogió el duodécimo gran concierto de la trigésimo quinta edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca. Cuando los primeros acordes de Canticum Novum comenzaron a flotar en el ambiente (con algunas cenizas) de la monumental Ciudadela, se atravesó con deleite un umbral hasta ahora invisible. En esta odisea, los límites entre Oriente y Occidente se disolvían bajo el gozoso peso de la historia compartida, tan viva ahora como el virtuoso pulso de sus intérpretes en la Plaza de los Polvorines.

Desde los comienzos, muchas de las reglas y normas culturales que asociamos con culturas dominantes no estaban grabadas en piedra. “Podían adaptarse y cambiar, podían convivir con los llamados bárbaros y adoptar sus formas de vida. El mundo antiguo era de movimiento, de fluctuación y de intercambio. Ya desde la Antigüedad, las ideas se movían por el mundo mucho más rápido que las personas”, afirmó recientemente el historiador y escritor Owen Rees. Culturas y conceptos, sonidos e ideas, con el objetivo de “redescubrir e interpretar repertorios de música antigua, Canticum Novum teje vínculos entre la música de Europa occidental y los repertorios del Mediterráneo, enriquecidos por la unión del mundo cristiano y un Oriente marcado por una doble herencia judía y mora”, como así expresa la propia filosofía de la formación.

Y es que desde su fundación hace justo treinta años por Emmanuel Bardon, la trayectoria de este ensemble ha sido un ejercicio constante de arqueología musical y puente cultural. Su generosa labor, lejos de ser un simple rescate de partituras empolvadas, es una inmersión en la “aventura humana y la interculturalidad”. Bajo el título de ‘Paradaïa’, el programa elegido para esta velada nos sumergió en una atmósfera de meditación, fiesta y deleite, evocando la estructura del jardín persa: “Un conjunto coherente y estructurado, busca expresar y representar la armonía entre los entornos culturales y naturales, entre el hombre y la naturaleza. Lugar cerrado y misterioso, estimulante para los sentidos, el jardín persa de antaño invitaba al descanso, a la meditación y al placer, y revelaba la potencialidad invisible de los recursos naturales”.

Bajo esta premisa, la Ciudadela se transformó en esos jardines imaginarios donde los senderos de piedra resonaban “con los ecos de la vida cortesana otomana y la intimidad de las tradiciones rurales”. Con una formación reducida pero de poderosa potencia expresiva, el ensemble demostró por qué son un gran referente en lo suyo. Bajo la dirección musical de Emmanuel Bardon, quien también aportó la voz, el grupo regaló un concierto maestro, compuesto además por Gülay Hacer Toruk (canto), Spyros Halaris (kanun, laúd y canto), Aliocha Regnard (nyckelharpa y fídula) y Henri-Charles Caget (de aplaudidas percusiones).

Identidad y diversidad

El despliegue de instrumentos ofreció sonoridades únicas, como la de la nyckelharpa y el fídula, que dialogaban con la finura del kanun y el laúd, todo envuelto con el pulso rítmico de las percusiones. “Una encrucijada de culturas y expresiones artísticas”, como bien definen desde el ensemble, que hace que su música suene “sorprendentemente viva tras 800 años de intercambio”, erigiéndose como un auténtico testimonio de diversidad, respeto y también de convivencia y tolerancia.

Desde la tradición alevíe — mística, sincrética y liberal del Islam— con ‘Salindi bahçeye girdi’, pasando por las cantigas españolas ‘Quantas sabedes’ —que nos recordaron nuestras raíces peninsulares—, hasta la intensidad de la música clásica otomana y la melancolía de los romances sefardíes ‘En la escola’, cada pieza interpretada resultó ser un pétalo más de ese jardín persa que Canticum Novum fue construyendo para los oídos del público jaqués. Una Europa mediterránea y oriental que cerró el círculo con temas como ‘Es ki?er hampartsum’, en el tránsito hacia los sonidos griegos y armenios.

Canticum Novum, que reside permanentemente en la Ópera de Saint-Étienne, hizo gala de por qué su labor es esencial en el panorama artístico europeo. Su compromiso con la transmisión, con cuestionar “constantemente la identidad, la oralidad, la transmisión y la memoria”, se sintió en fraseos y gestos de los intérpretes. ‘Yasemi mou’ (tradición chipriota) o el villancico griego ‘Saranta méres’ fueron algunos de sus puentes por y para la encrucijada vivida en la Ciudadela, todo un viaje a los “confines de las músicas antiguas y tradicionales”. 'Paradaïa' fue toda una promesa cumplida. Los “ecos de Persia, Turquía y Europa se entrelazaron”, permitiéndonos vislumbrar esa armonía que pretende este jardín persa.

Canticum Novum resultó ser todo un gran recordatorio de que, en la encrucijada de pueblos y culturas, el arte es un precioso bello acto de originalidad y resistencia ante cualquier gesto de uniformidad. Como los buenos jardines, Jaca recordará el rastro por este jardín persa tras de haber abandonado nuestro paseo, pues los ritmos y las melodías de este ensemble continuarán floreciendo con gran eco en la memoria de quienes felizmente asistieron a la Ciudadela.