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Un crisol interpretativo de la Corona de Aragón, solemne e intenso
Imagen: Músicos de frontera en Berdún Músicos de frontera en Berdún 07-08-2026

La noche del pasado jueves, la iglesia de Berdún acogió el séptimo gran concierto de la trigésimo quinta edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca. El templo se convirtió en el escenario donde lo culto y lo popular, lo histórico y sus raíces se dieron la mano en un diálogo sonoro que fue mucho más allá de un recital al uso. Los protagonistas de esta velada fueron los Músicos de frontera Carmelo Pueyo, organista, acompañado de Diego Escolano, flautas, salterio y gaitas, y Jonás Gimeno a las percusiones. Los tres consiguieron transformar el espacio en un paisaje emocionante, con ecos de otro tiempo. 

“Somos un grupo que busca la esencia”, comentó Pueyo, dejando claro que su labor docente y su investigación histórica no son compartimentos estancos, sino herramientas para un fin común. En Berdún se pudo celebrar “la idea de no distinción entre los diferentes estilos y planteamientos musicales que han concurrido a lo largo de la historia, académicos y populares, basándonos en las fuentes históricas pero también en la improvisación libre y, simultáneamente, experimentando a la búsqueda de modelos atractivos a los múltiples gustos de la población actual”. Esta es la tesis de los Músicos de frontera: la música antigua no es un museo de piezas inertes, sino un organismo más que vivo.

El celebrado concierto, que supuso dentro del festival el estreno del programa ‘La música de la Corona de Aragón’, fue un acto de coherencia artística. “Qué más satisfacción para un grupo aragonés que interpretar música del país y, aún con más enjundia, musicar obras de tan diversos territorios de su Corona, quizás la más exitosa empresa de su dilatada travesía histórica”, afirmó Carmelo Pueyo. Ese sentimiento de pertenencia, de recuperar la memoria compartida, impregnó cada una de las notas que sonaron desde el icónico órgano de la iglesia de Berdún.

El repertorio seleccionado fue un compendio de anónimos populares —con especial atención a la riqueza melódica de la Jacetania— junto a piezas de autores del Barroco peninsular e italiano. Escuchar a Pablo Bruna y Jusepe Ximénez, representantes del esplendor aragonés, entrelazarse con la destreza del valenciano Joan Cabanilles, el rigor del catalán Martín i Coll o la complejidad del napolitano Giovanni Maria Trabaci, permitió al espectador vislumbrar la red invisible que tejía los territorios de la Corona en los siglos XVI y XVII. Y a partir de aquí, su instrumentación: la fusión del órgano con percusiones y otros instrumentos tradicionales aragoneses, consiguiendo un crisol interpretativo solemne, intenso y de gran aplauso.

Carmelo Pueyo, consciente de que la música barroca puede resultar a veces ajena al oyente del siglo XXI, subrayó que su mayor deseo es “mover a los afectos entre nuestro público, creándole sensaciones agradables, profundas, contrastantes, que sólo la música, en su lenguaje abstracto, puede generar”. Esa búsqueda es, quizá, uno de los grandes y poderosos motores que mueve a la formación. Por ello, su consejo para quien se adentra en uno de sus conciertos fue tan sencillo como profundo: “Dejarse llevar sin prejuicios, con ojos cerrados y pensamiento extático o expectantes y en vívida actitud”. 

El reto de la identidad sonora

Al reflexionar sobre el momento actual de Músicos de frontera, Carmelo Pueyo se muestra reflexivo. Estos meses están siendo un reto constante de aprendizaje y divulgación a la par. “Cada curso es un nuevo inicio de retos”, admite, señalando que su labor docente en Zaragoza es el complemento perfecto para su actividad en los escenarios. El proyecto actual tiene una vocación clara: profundizar en la investigación de estas músicas y llevarlas a los innumerables marcos históricos que, como esta iglesia de Berdún, jalonan el Camino de Santiago, para así “volver a los lugares para los que fue concebida”.

Además, para Pueyo, “las controversias más o menos áridas alrededor de la música históricamente informada es el eterno dilema de las últimas décadas”, observa. Para él, este debate, aunque necesario en ciertos contextos, no debe eclipsar lo esencial. “En nuestro caso, consideramos este periodo histórico como uno de los más interesantes y, sin entrar en disquisiciones sesudas, más o menos artificiales, lo verdaderamente importante es su efecto sorprendente sobre nuestros oídos y emociones. Y ese es nuestro reto, llegar a nuestros escuchantes”. 

La actuación en Berdún confirmó que este importante reto ya ha sido cumplido. Músicos de frontera ha demostrado que el Camino de Santiago, además de ser una ruta de peregrinaje, es una senda cultural viva, capaz de conectar a los maestros del Barroco con el público del siglo XXI. Todo un gran logro para nuestra identidad musical y sonora, y para nuestros patrimonios, tangibles e intangibles.