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El virtuosismo como actitud moral desde Folías y Romanescas
El virtuosismo como actitud moral desde Folías y Romanescas 08-08-2022

En el marco del XXXI Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación Provincial de Huesca (DPH), tras la tormenta, la intimidad de ‘Folías y Romanescas’ inundó la iglesia de Canfranc Estación durante la noche del pasado domingo, para el esperado directo entre Jordi Savall y Díaz Latorre que desde el primer momento atrapó y emocionó al respetable. En esta edición, la visita del gran Savall centró su atención en la Folía como una de las danzas y canciones bailables a finales de la Edad Media y, ante todo, la celebración de la independización del arte instrumental, o cómo los instrumentos se apartan de la voz y son capaces de crear su propio lenguaje.

Precisamente, en su ‘Trattado de glosas’ de 1553 Diego Ortiz —con el que empezó el directo— utilizaba el bajo de la Folía como patrón armónico obstinado para elaborar a posteriori las distintas melodías virtuosas. Sucedía con la Folía, pero también con la Romanesca, el Passamezzo Antico y el Passamezzo Moderno. Todas componían un bello e intenso paisaje sonoro y, por ende, su propio alfabeto emocional. Tras las ‘Recercadas sobre Tenores’ de Ortiz desfilaron piezas de Tobias Hume, Juan García de Zéspedes, Antonio Martín y Coll, Gaspar Sanz, Francisco Correa y Antonio Valente.

Sobre las piezas que se pudieron disfrutar en Canfranc Estación, Jordi Savall destacó cómo estas músicas provienen “de la fantasía, de la emoción, de la creación, pues son músicas donde se plantea la expresión musical pura, al no estar ligada a la palabra y sí al sonido y su articulación. Es la forma más espiritual que tenemos, porque no está sujeta a hechos concretos y por eso nos hace soñar y sentir, así como la calidad del sonido, de fraseo. Y presentan también una Europa muy variada y muy unida, con un lenguaje común, que todos hablamos y comprendemos, y que va mucho más allá de las naciones porque no hay fronteras”. Un lenguaje que se crea en el Medioevo, en el que se desarrollaron unos códigos de armonías, de conceptos, de contrapunto, de variación, que ya son propios de nuestra cultura.

La brillantez interpretativa se adueñó del espacio y con ella, el sentir de todo el público. Juntos y por separado, Savall —prestigioso premio Leoni Sonning, considerado el premio Nobel de la música— y Díaz Latorre —galardonado con varios premios internacionales de interpretación en España y Francia—, construyeron un precioso delicatesen, frágil y fuerte a la vez, privado y público, a mayor gloria de la música antigua y su eterna reivindicación de vida.

En el periodo que sonó tras los gotones de lluvia que bien cayeron en el Pirineo, no acostumbraban dos ejecuciones de una misma obra a cargo del mismo intérprete, pues nunca serían idénticas. “Como sucede con prácticamente todos los géneros de música instrumental de los siglos XVI y XVII, no debemos olvidar que la mayoría de las variaciones sobre una danza publicadas durante estos dos siglos fueron obra de autores que eran, a su vez, egregios virtuosos y que deseaban con sus composiciones dar muestras de un dominio técnico del instrumento a menudo consustancial a su extremada habilidad en la improvisación”, apuntan Jordi Savall y Rui Vieira Nery, de ahí el añadido de las clásicas florituras ‘ad libitum’ y las disminuciones a la partitura.  

Por todo ello, consecuencia del talento y oficio —como así ejecutaron Savall y Díaz Latorre—, la magia de la espontaneidad recuerda a una actuación jazzística, de ahí que el virtuosismo libre será la piedra filosofal para llegar a la interpretación más moderna de la pieza, en continua gimnasia de creatividad musical. En estas, para el maestro Savall, el programa interpretado en Canfranc Estación incluyó diferentes fragmentos de improvisación real colectiva, que sobresalen de la acostumbrada constancia de la improvisación como ejercicio de acometer cada uno de los temas.

Los bises ofrecidos fueron el epílogo perfecto, de máxima ejecución instrumental y cierre, con improvisaciones para una canción ritual espiritual dedicada a las víctimas de la guerra en Ucrania, “pues necesitamos la paz con mucha urgencia”, rubricó Savall a modo de solidaria oración. Así sea.

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