Historia

25 Años en el Camino

Conciertos de música antigua

Fue el año 92 intenso en actividad: juegos olímpicos, Exposición Universal, Capital Europea de la Cultura... Y todo en un mismo estado: el nuestro. ¿Era, por tanto, buen momento para proyectos "menores"? Quizás no. O quizá si, pues 25 años después el Festival Internacional en el Camino de Santiago continúa su andadura. Un año después, en 1993, el Camino de Santiago francés fue declarado Patrimonio Mundial por su valor como ruta de peregrinación, vía de difusión cultural y lugar de encuentro de culturas. El Camino en su tramo aragonés es la puerta de entrada a la península ibérica por el puerto del  Somport y fue una de las cuatro principales vías jacobeas de la Edad Media, la que seguían los peregrinos de Italia y del sur de Francia. El Camino de Santiago sirvió para el entendimiento de los pueblos y la vertebración de la conciencia europea tanto como lo intuyó Goethe ("Europa nace de la peregrinación") como  para que el corazón medieval de Europa se abriese al mestizaje cultural.

Una Edad Media que en la Península Ibérica tiene unas connotaciones especiales: las tres religiones del libro conviven contemporáneamente. Si bien la convivencia no fue en todos los casos un espacio idílico, tal y como a veces se pretende mostrar, no existe duda histórica de la imbricada convivencia que se desarrolla en muchos puntos de la España Medieval entre judíos, musulmanes y cristianos. En palabras del medievalista Julio Valdeón más que convivencia, habría que decir coexistencia: "Yo creo que se ha exagerado un poco […]. No había una multiculturalidad, como la entendemos hoy en día. A cada uno se les enseñaba su religión y cada uno tenía su iglesia, su sinagoga, su mezquita, su consejo, su aljama, su justicia, e incluso estaba prohibidos los matrimonios entre cristianos y judíos o sea que… pero sí que hubo una relación pacífica entre ambos".

No obstante, las influencias mutuas en muchos aspectos son evidentes. Sin ir más lejos, en la catedral de Jaca se dispuso una cúpula sobre trompas, que se vio reforzada por cuatro arcos de medio punto que se cruzan en el centro, obra con influencia de la arquitectura hispano musulmana. Y en el misma ciudad, primera capital del Reino, albergó una de las comunidades judías más antiguas de Aragón. Sus habitantes se beneficiaron del fuero otorgado por Sancho Ramírez en 1077, siendo equiparados a los cristianos, lo que permitió incorporar un sector de artesanos y comerciantes, procedentes del sur de Francia, en un entorno mayoritariamente agropecuario

Pero tras "reconquistas" y "expulsiones" la Península Ibérica —a partir del siglo XVI— vivió bajo mandatos de monarquías ultraconservadoras y que cerraron las fronteras  culturales del país por miedo a las heréticas influencias noreuropeas. Pero ni con la Inquisición a pleno rendimiento se pudo impedir que se colaran influencias  venidas del Nápoles dominado por los Austrias, de la vecina Portugal, por supuesto los procedentes de los virreinatos americanos y, a través de ellos, los traídos del África negra por miles de esclavos forzados a cruzar el Atlántico. Y así —como indica Fahmi Alqhai— procedentes de los medios más humildes y de las regiones más alejadas del mundo, avanzadas de una primera globalización, acabaron por dominar la música de la mismísima corte de Versalles o alcanzar la pluma de grandes como Bach o Scarlatti, en cuyas manos chaconas, fandangos, folías y canarios pusieron su pie en la Historia.

Pues bien, con estas premisas y con el objeto de poner en valor el tramo aragonés del mencionado camino, se crea este festival. Un evento que —además de sus secciones paralelas— se especializa en la música antigua (no solo cristiana, sino que programa, en ocasiones grupos que interpretan músicas hebreas y musulmanas). Los conciertos —siempre que es posible— se programan en los monumentos que jalonan el camino a su paso por Aragón. Como música antigua entendemos aquellas composiciones religiosas y profanas compuestas entre la edad media y el fin del barroco, interpretadas, habitualmente, con instrumentos de época. Aunque, claro está, este afán historicista esconde casi siempre mucho de recreación. Como dice el maestro Jordi Savall, "yo no hago música antigua. Interpreto melodías que fueron creadas hace muchos años. Cada vez que se toca, la música renace de una forma diferente. Sólo son antiguas las partituras".

Durante estos 25 años 302 grupos y solistas han pasado por los distintos escenarios del festival.

Con programas de todas las épocas y procedencias, y como decíamos antes, sin olvidarnos de la cultura islámica, judía o de los cristianos de oriente. En este 25 aniversario escucharemos un concierto dirigido por Jordi Savall titulado De Oriente a Occidente, del Antiguo al Nuevo Mundo que refleja muy bien este interés ilustrativo. En palabras del maestro catalán, "Oriente aportó a Occidente toda su tradición milenaria. Toda la música del Medievo renace a partir de las aportaciones que vienen de Egipto, de Persia, de Siria, de países que llevaban siglos desarrollando el arte musical".  Y en relación a la música de las minorías indica que "lo que me fascina de las músicas de este programa es que ayudaron a la gente a sobrevivir. Se conservaron durante siglos por tradición oral. Los sefardíes expulsados de España o los esclavos torturados que las cantaban podían seguir viviendo y seguir recuperando la esperanza y la paz".

El Camino fue a partir de la Edad Media la gran autopista de la información, lugar de intercambio y mestizaje. Y por ende la Península Ibérica una realidad, cuanto menos, en el que vivieron de una forma pacífica cristianos, judíos y musulmanes. Nadie discute que somos herederos culturales de ello.
Fue el Valle del Ebro un territorio de profunda islamización, y la taifa de Zaragoza, en su memento, cuna de importantes creaciones culturales. Allí nació el filósofo y pensador Ibn Bayya. Según al-Tifasi este filósofo habría conseguido combinar el canto de los cristianos con el canto procedente del Masreq ("lugar por donde sale el sol", Egipto, Siria ), a la par que había introducido nuevos movimientos en la nuba. Ibn Bayya inventó un nuevo estilo musical propio de Al-Andalus. Una forma musical que —con la Reconquista— se refugió en el Magreb, y hoy la conocemos con el nombre de música arabo-andalusí. Un fenómeno, parece ser, de aculturización, de mestizaje. O sea, que estos conceptos no son de ahora.

En este marco —y con este concepto como guía— emprendemos un proyecto de cooperación entre músicos actuales del Valle del Ebro y del Magreb. Un proyecto de convivencia y de creación. Músicos aragoneses y marroquíes que, partiendo de sus tradiciones, conforman un nuevo sonido y repertorio. Y como no, actualizan un nuevo mestizaje, contemporáneo, como lo fue igual de contemporáneo el que propuso Ibn Bayya hace siete u ocho siglos. El proyecto de cooperación con el Festival l'Boulevard de Casablanca (Marruecos) se reinventa y se plasma en un espacio geográfico que fue lugar de encuentro y mestizaje a lo largo de la historia. Y lo será este año con la participación de JOAQUÍN PARDINILLA, MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ, DANIEL ESCOLANO, Khalid El Berkaoui, MUSTAPHA AMAL, El Hassan Boumlik, en un proyecto titulado La paz y la música.

En esta edición además contaremos, como es habitual, con el Mercado Medieval de las Tres culturas (una nueva referencia a la convivencia) y el festival de teatro en la calle. Pero además se han programado un extenso programa de actividades paralelas que intentan acercar el festival a todos los públicos y generar nuevos espectadores mediante dichos programas: conciertos juveniles, cine, exposiciones, etc.

El núcleo fundamental del festival sigue siendo la música antigua interpretada en espacios de especial interés histórico artístico. En estos veinticinco años han pasado por el festival los más destacados intérpretes de dicha especialidad, como pueden observar más adelante. Pero quería recordar, de entre ellos, a los que encabezan este deslavazado escrito. Tres de los grandes que nos dejaron, en varios casos, prematuramente y que llenaron de sentido la existencia de este modesto proyecto. Y sobre todo nos hicieron felices.

Hablando de convivencia de culturas debo de recordar lo mucho que me mostró uno de ellos, Julien Jâlal Eddine Weiss, sobre el tema. Con él descubrí oriente próximo y amé esa cara oculta del Islam de la que nunca nos hablan: el sufismo. Con él recorrí Alepo en varias ocasiones; asistí a la oración del viernes y a varias ceremonias sufíes; estuve de fiesta con obispos e imanes; disfruté de baños; bebí excelente vino sirio en el restaurante Sisi del barrio cristiano; escuché músicas estremecedoras en la casa del siglo XV de Julien. Amé el territorio. Volví. Ahora, una de las ciudades más hermosas del planeta, ha sido destruida por la intransigencia. Julien murió antes de ver el desastre absoluto. En París. En Siria ya nada será igual. En nuestros corazones tampoco.

Luis Calvo, director del festival. Mayo 2016