Comisarios:
Alberto Gabarre
José Ignacio Callén
Jesús Bosque
Huesca en Tránsito. Crónica sentimental de una década toma como punto de partida los distintos sentidos de la palabra «tránsito», asociados a las ideas de cambio, movimiento y transformación.
El término comparte, además, la misma raíz que «transición», palabra consagrada por la historiografía para designar el proceso político, social y cultural mediante el que España dejó atrás la dictadura franquista y avanzó hacia un sistema democrático entre 1975 y los primeros años de la década de 1980.
Muchos jóvenes salieron a unas calles que, por primera vez en mucho tiempo, parecían no
tener dueño. Era el momento de celebrar la libertad, la diversión y la transgresión.

Se multiplicaron los discobares, las verbenas, los carnavales, las fiestas populares y las zonas de marcha, que fueron ocupando los cascos antiguos de muchas ciudades españolas.
Los nuevos gobiernos municipales hicieron suyo el modelo de la «movida madrileña» y trataron de instrumentalizar aquella explosión espontánea de creatividad. El pop y el rock, junto con las distintas tribus urbanas surgidas a su alrededor, se convirtieron en referentes identitarios de una generación decidida a romper con el pasado.
También Huesca entró en tránsito. En torno a 1983 comenzó a «arder el asfalto»: el Tubo se amplió y proliferaron los bares que prolongaban la noche hasta el alba. La ciudad descubría nuevas músicas, nuevas formas de diversión y nuevas maneras de crear, de encontrarse, de expresarse y de ocupar el espacio público.

La historia del bar Tránsito —el acierto de su nombre conecta idealmente con el espíritu de los tiempos y con el objetivo de esta exposición— constituye un botón de muestra idóneo de las transformaciones que vivió la sociedad oscense durante aquella década y, muy especialmente, la juventud. Su actividad complementó la intensa programación musical de las Peñas, en particular de la Alegría Laurentina y su emblemático Jai Alai, catedral oscense del pop y el rock de los ochenta. Y, alrededor de todo ello, un sinnúmero de grupos, locales de ensayo, conciertos, bares, fiestas, DJs, fanzines y «noches de marcha» sin final.
A través de objetos y materiales que evocan el contexto histórico y cultural de la década —carteles, fotografías, discos, publicaciones y otros testimonios de la época—, de las creaciones artísticas de los oscenses que vivieron aquellos años, de los recuerdos de sus protagonistas y de la abundante documentación generada por la actividad del bar Tránsito, la exposición traza un amplio panorama de una década fundamental en la historia cultural reciente de Huesca, durante la cual la ciudad fue dejando atrás viejas formas de vivir, crear y relacionarse para adentrarse en un tiempo nuevo.
PROGRAMA COMPLETO HUESCA EN TRÁNSITO
La experiencia expositiva invita al público a descubrir el universo Brosmind a través de interesantes intervenciones en el espacio que contemplan todo tipo de técnicas y soportes. Podemos ver como las acumulaciones y las multitudes son un signo de identidad en la exposición y un recurso efectivo a la hora de conquistar materiales y espacios. El movimiento impregna las obras transmitiendo frescura y vitalidad, los encargos personales se retroalimentan dentro de una evidente omnipresencia de la comida. Comida personificada y personajes con un tratamiento comestible. Una estética con notas americanas en la que el fast food cobra vida, y se entremezclan seres y pequeñas historias cómicas y surrealistas. El universo Brosmind presenta una constante dualidad en la que a veces confundimos contenedor y contenido, un abigarramiento genial en el que nada es lo que parece. Un entramado de personajes en el que la materia no tiene límites y lo visceral se confunde con la fantasía. Lo blando, lo viscoso, lo líquido y lo volátil, frente a los gadgets tecnológicos y las formas geométricas.